La Organización Mundial del Comercio intenta frenar las embestidas de Trump

Vie, 12/08/2017 - 11:13 -- anegrete
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Los aniversarios de tratados internacionales nunca son asuntos resonantes. Pero cuando algunos viejos líderes del comercio se reunieron en el pabellón del edificio Ronald Reagan en Washington para celebrar el 70 aniversario del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), el documento de 1947 que sigue siendo una guía para el comercio internacional, el sentimentalismo era sin duda el estado de ánimo reinante.

"Esto parece más un velorio que un festejo", se quejaba un veterano negociador comercial después de escuchar a una procesión de oradores recalcar las virtudes del GATT y advertir sobre una inminente ola proteccionista.

La razón, no hacía falta aclararlo, estaba a unas pocas cuadras, en la Casa Blanca. A un año de la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, el magnate inmobiliario populista está cumpliendo su promesa de sacudir el sistema internacional. Desde el punto de vista de Washington, el futuro del comercio mundial ahora parece consistir mayormente en la destrucción de su pasado glorioso.

Poco después de asumir el cargo en enero, Trump retiró a Estados Unidos del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, un ambicioso pacto con Japón y otras 10 economías que su predecesor Barack Obama había negociado minuciosamente como respuesta estratégica al ascenso de China.

Exigió la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y de un acuerdo de 2012 con Corea del Sur apuntado a ayudar a consolidar una de las relaciones estratégicas más delicadas e importantes en Asia. Dejó en claro que cualquier socio comercial con el que EE.UU tenga un déficit comercial, empezando por China, debe esperar duras conversaciones sobre cómo lograr un comercio más equilibrado.

Pero Trump también manifestó que va a ir tras un trofeo mayor: la Organización Mundial del Comercio (OMC), que, como sucesora del GATT desde la década de 1990, se ha desempeñado como el árbitro del comercio mundial. "La OMC se estableció en beneficio [de] todos excepto de nosotros. No se puede creer cómo se aprovecharon de este país", Trump dijo a Fox en una reciente entrevista. "Perdemos los casos, casi todos los casos ante la OMC".

La opinión de Trump no se basa en los datos, señalan los expertos. EE.UU. ganó más del 90% de las diferencias que presentó en Ginebra, aunque perdió casi el mismo porcentaje de las planteadas en su contra. Si bien Norteamérica se frustra ante el proceso consensuado de toma de decisiones de la institución, que exige el acuerdo de sus 164 miembros para que suceda algo, también ha mostrado una extraña capacidad para darle forma al debate en la OMC como su miembro dominante.

Pero estos hechos poco importan a un gobierno que ha tomado la victoria electoral de Trump basada en una campaña anti-inmigración y anti-comercio que le proveyó suficientes votos de los estados del "cinturón de óxido" para ganar como una excusa para presentar las quejas de EE.UU.

La embestida contra la OMC, para ser justos, está en sus inicios y en Ginebra adoptó una forma tecnocrática. Norteamérica ahora obstaculiza los nombramientos para dos vacantes en el Órgano de Apelación de siete miembros que tiene la última palabra en materia de diferencias comerciales, lo cual socavaría al árbitro del comercio mundial.

En diciembre se abrirá una tercera vacante y en septiembre de 2018, una cuarta; esto dejará solo tres miembros en ejercicio: China, India y Estados Unidos. La costumbre de que los paneles de tres personas que examinan las apelaciones no incluyan representantes de los países involucrados en dichos casos haría que al Órgano de Apelación le resulte difícil dictaminar en casos donde estén implicados los tres países referidos, lo cual neutralizaría de hecho al Órgano de Apelación.

No está claro qué espera Estados Unidos. Pero Robert Lighthizer, el representante comercial de Trump, hace tiempo que manifestó su desdén hacia el sistema de solución de diferencias de la OMC.

En la década de 1990, ayudó a su mentor político, el ex candidato presidencial por el partido Republicano Bob Dole, a impulsar la creación de una comisión estadounidense para revisar las decisiones de la OMC en casos perdidos por EE.UU. Una de sus ideas requería que Norteamérica analizara dejar el organismo si perdía injustamente, a criterio del país, tres casos ante la OMC en un período de cinco años.

En un discurso reciente, Lighthizer habló con nostalgia de antiguo sistema de solución de diferencias no vinculante del GATT. También reiteró una antigua queja de Estados Unidos de que el Órgano de Apelación de la OMC se había excedido sus facultades judiciales y comenzado a dictar leyes en vez de solo interpretarlas.

Las críticas de Lighthizer a la OMC y al sistema son aún más amplias. Ahora es el principal defensor de la opinión cada vez más aceptada en Washington de que la OMC no logró refrenar a China; esto permitió a Pekín manipular el sistema comercial internacional en beneficio de su auge económico.

"La propia magnitud de los esfuerzos coordinados de China apuntados a desarrollar su economía, otorgar subsidios, crear campeones nacionales, imponer la transferencia tecnológica y a distorsionar los mercados de China y de todo el mundo es una amenaza sin precedentes al sistema comercial mundial", sostuvo Lighthizer. "La OMC y su predecesor, el GATT, no fueron creados para gestionar con éxito un mercantilismo a esta escala".

El ataque del gobierno de Trump a la OMC puede ser incipiente, pero ya generó preocupación a los defensores del sistema multilateral tanto dentro como fuera de Norteamérica.

Cecilia Malmström, la comisionada de Comercio de la Unión Europea, advirtió que la postura de EE.UU. hacia el órgano de solución de diferencias de la OMC supone el riesgo de "matar a la OMC desde adentro".

Días antes, Roberto Azevêdo, el director general de la OMC, hizo una advertencia igualmente sombría. "Si ponemos en peligro este pilar, estaremos arriesgando el sistema en su totalidad. No hay duda de eso", reveló a Financial Times.

Azevêdo reconoce que "el sistema mundial ha sido y seguirá siendo un trabajo en curso", según reveló al Consejo de Relaciones Exteriores en Washington. Pero el brasileño también agregó: "Creo que representa los mejores esfuerzos mundiales para mantener las tensiones a raya".

Si no logran convencer de esto a Donald Trump, el próximo aniversario importante del GATT sin duda puede transformarse en un velorio.

Tema de investigación: 
Integración y comercio