La cooperación sur-sur 40 años después

Jue, 03/28/2019 - 13:49 -- aocampo
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Plenario final. Conmueve sentir la energía de la sala. Tras tres días de intensos debates y una semana con cerca de 100 eventos paralelos, finaliza Paba+40, la II Conferencia de Naciones Unidas sobre la Cooperación Sur-Sur en Buenos Aires. Más de 1.500 delegados de 160 países, además de academia, sector privado y sociedad civil, relanzan el compromiso mundial por la solidaridad del Sur y la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. La polémica sobre las acreditaciones a la delegación venezolana de Maduro, y la declaración del gobierno de Trump acerca de que ningún compromiso obliga, parecen empañar el cierre. Pero, en los pasillos, los delegados se toman fotos, quieren congelar el momento. Más allá de la creciente polarización y desconfianza, y de la gran incertidumbre que genera la contienda diplomática entre Estados Unidos y China, el multilateralismo ofrece una tregua.

Pasaron 40 años desde la Primera Conferencia sobre Cooperación Técnica entre Países en Desarrollo de 1978, cuando se aprobó el Plan de Acción de Buenos Aires (PABA). Aquella vez, en sus 12 días de duración, 160 delegados de 138 países trabajaron en la identificación de objetivos y recomendaciones para el intercambio de conocimientos. Entre los principios, destacaron la necesidad de que la cooperación técnica esté siempre guiada por la horizontalidad, el respeto a la soberanía, la no injerencia y la búsqueda del beneficio mutuo. El término cooperación sur-sur, sin embargo, es posterior al Paba. Se acuña a partir de 1987, con la creación de la Comisión del Sur, y es utilizado para referir a una colaboración amplia entre países del sur que se extiende más allá de la cooperación técnica.

Paba+40 es harina de otro costal. La novedad de este escenario es el ascenso del llamado Sur Global. En 1990, el sur representaba solo un tercio de la producción mundial, hoy comprende alrededor de la mitad. El comercio sur-sur se triplicó y la proporción de inversión creció del 20% al 50%. Hay relativamente menos ayuda oficial al desarrollo, pero más opciones de cooperación triangular. Junto a la cooperación técnica, florecen la financiera de una red cada vez más amplia de bancos de desarrollo y fondos nacionales, regionales y globales. El documento final (aprobado con antelación al evento) recoge la importancia de la cooperación económica. Se necesita avanzar en acciones concretas para orientar su cauce.

Está claro, el sur no es uno solo. Más bien, hay diferentes visiones y escalas en la cooperación. La cooperación latinoamericana, por ejemplo, se asienta en la cooperación técnica y es básicamente intergubernamental. Estos países, junto a la Secretaría General Iberoamericana y el PIFCSS, llevan más de 10 años trabajando en la sistematización de prácticas a través de la producción del Informe de la Cooperación Sur- Sur en Iberoamérica. En la pasada década, participaron en alrededor de 7.375 programas, proyectos y acciones, concediendo prioridad a la salud, la agricultura y las instituciones de gobierno. Esto ha servido de inspiración al Primer Informe Africano sobre Cooperación Sur-Sur, producto de la asociación de varios países africanos con la Nueva Alianza para el Desarrollo de África (NEPAD), el PNUD y la Segib. Las iniciativas no se monetarizan, pero se valorizan.

Del lado asiático, la tendencia es vincular fondos oficiales a facilitación del comercio y la promoción de inversiones del sector público y privado. China es la gran locomotora, pero no la única. Este tren viene de la mano de la cuarta revolución industrial y el mayor interés por la infraestructura, la economía digital, la inteligencia artificial, la robótica, el comercio electrónico y las finanzas digitales. Los bancos de desarrollo, los fondos regionales y globales y las asociaciones público-privadas son protagonistas. Pero la nueva economía pasa por plataformas, como Alibaba, JD.com o WeChat, que empujan el comercio electrónico y las inversiones. Hay también aplicaciones a la cooperación en educación y salud, como la plataforma E-learning Africa fundada en 2006, el Centro China-Zambia creado en 2016, o el Pan-Africa E-Network de India de telemedicina. Las oportunidades están en la posibilidad de dar mayor escala e impacto a la cooperación, señala un reciente informe de UNOSSC. El riesgo es que los beneficios de ese salto tecnológico sean solo capitalizados por unos pocos países del sur y se reproduzcan los patrones de dependencia tecnológica y de endeudamiento de antaño. La escalera hay que saber usarla. O puede venirse encima.

PABA+40 es una bisagra. Y abre más de lo que cierra. La Agenda 2030 centrada en las personas y el planeta es un punto de partida, pero los caminos pueden ser varios y con trazos en movimiento. Las inversiones que se necesitan para encaminar las transiciones hacia la sostenibilidad obligan a reconvertir las infraestructuras para las matrices energéticas y productivas, o a repensar, por ejemplo, la escala de las políticas de cooperación hacia esquemas más amplios y diversificados. Las fintech (finanzas tecnológicas, pagos móviles, bancos digitales y decisiones de inversión por inteligencia artificial) se expanden en el sur y generarán 13 billones de dólares adicionales a la economía global para 2030, incrementando el producto interno bruto global en 1,2% por año. Este fenómeno es imparable. Pero la otra cara son las desigualdades y el ensanchamiento de la brecha entre un norte y un sur digitales. Cuarenta años después del Paba, la cooperación técnica sigue siendo necesaria. Eso sí, la cooperación en ciencia y tecnología es urgente.

Tema de investigación: 
Desarrollo y medio ambiente