Investigaciones internacionales advierten de la relación entre el calentamiento global, las desigualdades de género y la falta de políticas públicas que contrarresten el impacto en el sector femenino.
La amenaza del calentamiento global y su aumento año con año no significa solamente un panorama negativo en el impacto ambiental, pues es también una desigualdad estructural respecto al género, aumentando un factor más de riesgo a las mujeres. Según ONU Mujeres, las mujeres y niñas tienen hasta 14 veces mayor probabilidad de morir durante un desastre climático que los hombres, además la inacción ante la emergencia global podría empujar hasta a 158 millones de mujeres y niñas adicionales a la pobreza extrema al 2050, según otras estadísticas del organismo.
El impacto a nivel brecha de género arroja un panorama preocupante cuando se trata de fenómenos como la hambruna, en muchas regiones del mundo causada por falta de lluvia y sequía en las cosechas, provocando que 47.8 millones de mujeres más que hombres en el mundo tengan inseguridad alimentaria, a lo que Mathilde Henry, vocera de Care France, organización que lucha contra la pobreza, enfatizó que “el cambio climático es sexista”.
Naciones Unidas señala cinco factores de riesgo que se acrecentan con el cambio climático y son mayores en las mujeres, entre los que se encuentran aumento de la violencia de género, mayores cifras de matrimonio infantil, incremento de la mortalidad neonatal, peores condiciones en la saliud materno-infantil e interrupción en los servicios de los servicios de salud sexual y reproductiva, factores que urgen hacia una justicia climática con perspectiva de género, término acuñado con el propósito de brindar protección a quienes se encuentran en espacios más vulnerables.
El aumento en las temperaturas a nivel global es una cuestión que puede ir más allá de las consecuencias en el ambiente en ciertas comunidades, pues según la Iniciativa Spotlight, proyecto para la eliminación de violencia hacia las mujeres y niñas, el incremento en 1°C eleva la violencia doméstica al ser un determinante para el encierro en las casas, con un aumento de 4.7% de casos. El dato que enciende las alarmas es que cada que inicia una ola de calor regional, los feminicidios escalan hasta un 28%.
En nuestro país, el desplazamiento forzado por catástrofes climáticas también es un factor predominante del que sufren aún más las mujeres, pues según el último Censo de Población y Vivienda recabado por el INEGI, 24,714 personas migraron de forma permanente a causa de fenómenos naturales entre 2015 y 2020, de las cuales el 45.5% fueron hombres y el 54.5% mujeres, empeorando de esta manera su acceso a un sistema de salud digno, un sistema de cuidados tambaleante y sin condiciones propicias y sobretodo la resiliencia económica de las mujeres, pues ante situaciones inesperadas suele ser muy difícil recuperar los ahorros, menos aún si no existe un fondo de emergencia.
Con todos los factores externos en contra, es importante que además de exigir políticas públicas a las poblaciones más vulnerables, los foros de discusión de cambio climático también traten el tema de la brecha y desigualdad de género en una problemática que no se detendrá, al contrario, será de mayor impacto con el paso del tiempo. Al mismo tiempo, la iniciativa privada y organizaciones no gubernamentales tendrán el reto de priorizar el liderazgo de mujeres jóvenes en el ámbito sostenible por la acción climática, a través de la formación en la educación y empleos verdes, que tengan que ver con energías renovables y con la conservación de especies, para así implementar nuevas soluciones y crear ambientes en los que las mujeres ya no sean el eslabón más vulnerable.










