Fecha: Martes, Agosto 16, 2016 - 11:30

José Manuel Barroso, se convertirá en el presidente “no ejecutivo” de Goldman Sachs, esto no vino exactamente como una sorpresa. Se trata de un hombre que presidió la Comisión Europea durante 10 años y, desde el principio, siguió una agenda corporativa, con sus estrechos vínculos con las grandes empresas y los bancos de la UE que representan un rasgo clave del proyecto europeo actual.

Pero este movimiento ha catapultado el “problema de la puerta giratoria” de la UE en la agenda política, que causa pérdidas, asombroso y las reacciones de incredulidad, lo que lo convierte en un símbolo de la influencia corporativa excesiva en los más altos niveles de la UE. Barrroso desde otoño de 2014 ha trabajado en distintos rubros: las artes, la academia y de los “lobbyfests# corporativos de la Cumbre Empresarial Europea y la Conferencia Bilderberg, además tiene fuertes vínculos corporativos que otros ex comisionados han tomado: Viviane Reding, Karel De Gucht, Neelie Kroes, por nombrar algunos.

En este contexto, el movimiento Barroso de Goldman Sachs es particularmente indignante, Goldman Sachs tuvo un papel central en la causa de la crisis financiera de 2000. Goldman Sachs también es un jugador importante en el vestíbulo Bruselas. Se declaró un presupuesto de presión de la UE de al menos € 1.000.000 y ha tenido al menos 22 reuniones de alto nivel con la Comisión desde diciembre de 2014.

¿Será el caso Barroso un punto de inflexión en la forma en que la UE, y específicamente la Comisión empuñadura giratoria puerta se mueve? Sin duda, es alentador ver la rápida reacción del ministro de Asuntos Europea Francesa, Harlem Désir, que calificó la medida como "escandalosa" y dijo que "el presidente de la Comisión Europea debería estar por encima de las presiones de los intereses privados”.

Según los informes, fuentes de la Comisión han dicho que el papel de Barroso en Goldman Sachs no constituye una infracción de las normas actuales, y el jefe portavoz de la Comisión, Margaritis Schinas, ya ha descartado cualquier revisión de las normas contenidas en el Código de Conducta de los Comisarios. La pregunta ahora es: ¿las instituciones de la UE tienen la voluntad política de hacer algo al respecto?

Fecha: Lunes, Agosto 15, 2016 - 12:03
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A medida que el mundo se recupera del Brexit, esto está llevando a que economistas y políticos a evaluar la fragilidad política de la forma actual de la globalización. La revuelta popular que parece estar en marcha es tomar diversas formas: la reafirmación de las identidades locales y nacionales, la demanda de un mayor control democrático y la rendición de cuentas, rechazo a los partidos políticos de centro, y la desconfianza de las élites y expertos. Esta reacción era previsible.

Si bien, la globalización acentúa las divisiones de clase entre los que tienen las habilidades y recursos para aprovechar los mercados globales y los que no lo hacen, en contraste con las divisiones de identidad basadas en la raza, etnia o religión, esto ha fortalecido tradicionalmente la izquierda política. Así que ¿por qué la izquierda sido incapaz de montar un desafío político importante a la globalización?

Una respuesta es que la inmigración ha eclipsado los “choques” de la globalización. Los flujos masivos de migrantes y refugiados de los países pobres de muy diferentes tradiciones culturales agrava las divisiones de identidad que los políticos de extrema derecha están excepcionalmente aprovechando.

En América Latina existe un contraste revelador. Estos países experimentaron la globalización sobre todo como el comercio y la inversión extranjera, en lugar de como una descarga de inmigración. La globalización se convirtió en sinónimo de las denominadas políticas del Consenso de Washington y la apertura financiera. Pero la experiencia en América Latina y el sur de Europa revela tal vez una mayor debilidad de la izquierda: la ausencia de un programa claro para remodelar el capitalismo y la globalización para el siglo XXI. La izquierda no ha logrado llegar a ideas que son económicamente viables y políticamente populares, más allá de las políticas de mejoramiento, tales como transferencias de ingresos.

Los economistas y tecnócratas de la izquierda tienen en gran parte la culpa. En vez de contribuir a un programa de políticas de mejoramiento, abdicaron con demasiada facilidad al fundamentalismo de mercado. Peor aún, ellos llevaron el movimiento hiper-globalización en los momentos cruciales.

La buena noticia es que el vacío intelectual de la izquierda se está llenando, y ya no hay ninguna razón para creer en la tiranía de "no hay alternativas." Los políticos de la izquierda tienen cada vez menos razón para no recurrir a la "respetable" academia. En ausencia de una respuesta tal vez más, el campo deberá dejarse abierta para que los populistas y los grupos de extrema derecha, que dirigirán el mundo - como siempre - a la división más profunda y de mayor conflicto.

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