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Fecha: Viernes, Enero 13, 2017 - 12:12

El autor de este artículo se pregunta: ¿Es China una economía de mercado?

De acuerdo al artículo, hace 15 años China comenzó a ser parte de la Organización Mundial del Comercio (OMC) con un estatus de “economía no de mercado”. Se hizo el pacto que después de quince años se revisaría su situación para otorgarle el estatus de economía capitalista. El tiempo se venció, pero ni EE.UU. ni la UE tienen la intención de cambiar su visión de este país.

Un estudio de hace un año del Economic Policy Institute de EE.UU. ha calculado que si China cambiara de estatus, sus exportaciones a Europa, sin el filtro de las medidas antidumping, podrían aumentar hasta un 30%.

Por tanto surge una discusión entre los asiáticos y hacedores de política del viejo mundo, la batalla es jurídica, porque los chinos creen que el reconocimiento de su renovado estatus capitalista debería ser automático.

Fecha: Jueves, Enero 12, 2017 - 13:34
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Los dos principales acuerdos sobre la mesa, el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP por su sigla en inglés) y la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (ATCI), están prácticamente muertos luego de la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos.

No es sólo que los acuerdos comerciales de hoy se extienden a muchas otras áreas de políticas, como la salud y las regulaciones sobre seguridad, las patentes y los derechos de propiedad intelectual, las regulaciones para cuentas de capital y los derechos de los inversores.

Los acuerdos comerciales más nuevos incorporan reglas sobre "propiedad intelectual", flujos de capital y protecciones a la inversión que están esencialmente destinadas a generar y preservar las ganancias de las instituciones financieras y las empresas multinacionales a expensas de otros objetivos políticos legítimos.

La argumentación económica estándar para el comercio es doméstica. Habrá ganadores y perdedores, pero la liberalización comercial agranda el tamaño de la torta económica en casa.

Las políticas comerciales impulsadas por un lobby político e intereses especiales domésticos son políticas proteccionistas. Pueden tener consecuencias proteccionistas, pero ese no es su motivo. Reflejan asimetrías de poder y fallas políticas al interior de las sociedades.

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